Sara LlorensDoctora en Psicología especialista en TOCEscríbeme
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Relación mente y microbiota

Las bacterias de tu intestino influyen en cómo piensas, sientes y te comportas. Qué sabemos de la relación mente-microbiota y cómo cuidarla.

4 min de lecturaDra. Sara Llorens

Hoy te traigo un tema que está en auge en los últimos años y que a mí particularmente me resulta muy interesante: la relación mente-microbiota. Así que empezamos con…

¿Pueden nuestras heces darnos información sobre el estado de nuestra mente?

Pues parece ser que sí.

Desde hace algunos años se ha empezado a dar especial relevancia a la microbiota y su relación con el sistema nervioso central, es decir, nuestro cerebro. Ya es una realidad más que confirmada que los billones de pequeñas bacterias que tenemos en el intestino, especialmente en el intestino grueso, influyen de manera importante en nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos. Y quizás te plantees: ¿cómo van a estar esas bacterias que se encuentran en nuestras cacas (¡poca risa, que el estudio de las mismas salva vidas en muchos casos!) relacionadas con cómo pensamos o nos comportamos? Pues lo están. No olvides que a día de hoy el sistema digestivo es considerado el segundo cerebro y que contiene cientos de millones de neuronas, además de estar conectado directamente y de forma bidireccional con el cerebro. Al igual que también lo está el corazón, considerado el tercer cerebro.

Volviendo a los bichitos… Las estimaciones más recientes calculan que tenemos unos 38 billones de bacterias (Sender, Fuchs y Milo, 2016, PLOS Biology), es decir, más o menos tantas como células propias, y la mayoría se concentran en el intestino; de ahí que la mayoría de veces que se habla de microbiota se haga referencia a la intestinal. Pero también tenemos bichitos repartidos por todo el resto del cuerpo, y la relación es simbiótica, es decir, ellos ayudan a nuestro organismo a funcionar bien y nuestro organismo les proporciona una atmósfera adecuada para su supervivencia. Lo que llamaríamos un buen acuerdo.

Ya son varios los estudios que han relacionado un desequilibrio en la microbiota con problemas de ansiedad, estrés, sociabilidad y enfermedad. Se han hecho experimentos en los que se ha observado que ratas con la microbiota alterada desarrollaban un comportamiento disfuncional y problemas de aprendizaje en comparación con sus compañeras del grupo control (aquellas a las que no se les había manipulado su microbiota). Otros pequeños datos que pueden resultarte interesantes: se ha observado que algunas de estas bacterias sintetizan triptófano, que es el precursor de la serotonina (principal neurotransmisor relacionado con el estado de ánimo, sobre el que muchos de los antidepresivos actuales influyen para producir su efecto farmacológico). Al igual que se ha observado que en las ratas estresadas crece significativamente un determinado grupo de bacterias que no crece en el grupo control (ratas no estresadas), lo que significa que hay una relación entre microbiota y estrés. También se ha visto que los cambios dañinos en la microbiota intestinal dan lugar a una disminución del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) en áreas cerebrales relacionadas con la memoria, el aprendizaje y el estado de ánimo. Es decir, que cuando la microbiota se altera, parece ser que esto afecta al crecimiento y la supervivencia de las neuronas en estas áreas cerebrales. Y así, con un sinfín de estudios a lo largo de los últimos años. Por si te lo estás preguntando, también hay estudios con humanos y los resultados parecen ir en la misma dirección.

Es por esta razón que a día de hoy, y desde hace ya varios años, muchas de las más prestigiosas universidades y centros de investigación dedican su tiempo y dinero a estudiar las heces, ya que se puede obtener información muy relevante a través del tipo y cantidad de bacterias que nos encontramos en las mismas.

¿Y cómo puedo mejorar mi microbiota?

Una dieta saludable, que es recomendable siempre y para todo, se hace aún más importante cuando hablamos de microbiota. Y también por este mismo tema, es tan importante que el uso de antibióticos sea lo más estricto posible y solo se tomen cuando haga falta, ya que son especialmente dañinos para las bacterias que habitan en nuestros intestinos y que en silencio cuidan de nosotros. A su vez, también se ha comprobado cómo el ejercicio físico practicado con regularidad aumenta la cantidad de bacterias beneficiosas y la diversidad de las mismas. Una vez más, comprobamos los innumerables beneficios de mover el cuerpo, ¡que es para lo que está hecho!

Si te interesa este tema, te recomiendo un par de libros para público general y además muy amenos: ¡Es la microbiota, idiota!, de la Dra. Sari Arponen, que trata al completo el tema de la microbiota (no solo la intestinal), y Neurociencia del cuerpo, de Nazareth Castellanos, en el que dedica un apartado al tema, pero el libro en sí no tiene desperdicio si estás interesado en cómo el cuerpo en general influye en nuestra mente.