Sara LlorensDoctora en Psicología especialista en TOCEscríbeme
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Beneficios de la meditación (El espejo del cerebro)

Piloto automático, rumiación y diálogo interno: lo que la meditación cambia en tu cerebro según El espejo del cerebro, de Nazareth Castellanos.

4 min de lecturaDra. Sara Llorens

Hace poco terminé un libro que te recomiendo: El espejo del cerebro, de Nazareth Castellanos. En él nos habla de los beneficios de la meditación, ya no solo a nivel psicológico, sino también de los cambios que produce en el cerebro a medio plazo. Supe de ella hace un par de años, tras haber leído El maestro del corazón, de Annie Marquier, que también recomiendo por la temática y por cómo está escrito. Me puse a investigar más sobre las evidencias científicas acerca de lo que Marquier comentaba en su libro… y fui a dar con un vídeo de la Dra. Castellanos que me gustó bastante, y la sigo de cerca desde entonces. En su libro se explica igual de bien que en sus vídeos y tiene algo que a mí siempre me gusta a la hora de seguir la trayectoria de algún profesional: notas que cree en lo que hace.

Así pues, he pensado que estaría bien transmitirte algunos de los datos más interesantes que menciona en su libro y, si quieres saber más sobre el tema, ya sabes un poco por dónde empezar:

Lo primero a destacar es algo que sí sabemos la mayoría: gran parte del tiempo lo pasamos en piloto automático, es decir, sin “estar” realmente en lo que hacemos. Un estudio de la Universidad de Harvard (Killingsworth y Gilbert, 2010, Science), en el que se preguntó a miles de personas en momentos al azar del día qué estaban haciendo, en qué pensaban y cómo se sentían, observó que pasamos casi la mitad del tiempo con la mente en otra parte y que, cuando nuestra mente divaga, solemos sentirnos menos felices. Es decir, es importante para nuestro bienestar aprender a prestar atención a lo que hacemos. Cuando hacemos algo, sea lo que sea (desde fregar los platos hasta estudiar o hablar con alguien, da igual), deberíamos intentar focalizarnos al máximo posible en ello, intentando evitar “irnos a otros mundos” mientras llevamos a cabo la acción.

Se ha demostrado que, modificando y corrigiendo nuestra respiración, se producen modificaciones en la memoria, la atención y la expresión de las emociones.

También se ha observado que las personas acostumbradas a meditar tienen zonas de la corteza prefrontal más gruesas y con más actividad. Esto no significa necesariamente que tengan más neuronas (el grosor puede deberse también a más conexiones entre ellas, más células de soporte o más riego sanguíneo), pero sí sugiere que las áreas que intervienen en la atención y la concentración están más desarrolladas que en quienes no meditan.

Otro dato interesante: se ha demostrado que la práctica de la meditación lleva a un aumento de actividad y de grosor de la corteza cingulada anterior, parte del cerebro que se encarga de hacer consciente lo inconsciente, lo que se traduce en que la gente que medita tiene más facilidad para detectar cuándo se está distrayendo y redirigir su atención donde tenga que hacerlo. Desde mi punto de vista, esto podría ser especialmente beneficioso para las personas con especial tendencia a rumiar y en personas con trastornos depresivos y/o de ansiedad en los que la rumiación está especialmente presente. Y en el Trastorno Obsesivo Compulsivo, por supuesto.

Otro dato importante, ya no solo sobre los cambios a nivel cerebral, sino en el resto del cuerpo: la meditación regular hace que la actividad del corazón se vuelva más compleja y regulada.

Lo que sorprende más es que también hay estudios que han demostrado que la meditación lleva a cambios estructurales y de actividad en la ínsula, que es la encargada de funciones tan importantes como la idea que tenemos de nosotros mismos, la metacognición, la sonrisa, las decisiones, la detección de errores, la percepción de la música y el instinto maternal. Esto, como señala la autora, implicaría que la meditación también ayuda al cambio en cómo nos percibimos a nosotros mismos. Es decir, el autoconcepto de aquellos que meditan mejoraría en comparación con aquellos que no lo hacen, pudiendo dar lugar a efectos beneficiosos a nivel de autoestima y todo lo que esto conlleva.

Hubo un dato que me llamó especialmente la atención y que estaba relacionado con el famoso diálogo interno que a todos nos acompaña. Y es que las zonas del cerebro que se activan cuando hay más diálogo interno son las áreas relacionadas con la escucha, no con el habla. Como dice la autora: nos escuchamos todo el tiempo (y yo añado que hay que tener mucho cuidado con aquello que nos decimos y no creérnoslo todo. Ni identificarnos con todo). Parece ser que la práctica de la meditación ayuda a disminuir ese exceso de diálogo interno diario.

Estos son solo algunos de los datos interesantes que menciona en el libro, pero realmente hay mucha más información, que además explica muy bien y de forma muy accesible. No solo trata de la meditación y sus beneficios, sino de cómo funciona nuestra mente, que nunca deja de sorprender. ¡Muy recomendable si te interesan estos temas!