Sara LlorensDoctora en Psicología especialista en TOCEscríbeme
  1. Artículos
  2. Mente, cerebro y fármacos

Conexiones perdidas

El libro de Johann Hari propone otra mirada a la depresión: no un cerebro roto, sino siete conexiones perdidas con el trabajo, los demás y el futuro.

7 min de lecturaDra. Sara Llorens

Así se llama el libro de Johann Hari que estoy a punto de terminar y del cual vengo a hablarte hoy. Como cualquier libro que recomiendo por aquí, es de lectura fluida y cercana. En su libro, Hari nos ofrece una nueva perspectiva de por qué la gente cae en depresión. Los puntos de vista que nos ofrece son de sentido común pero contradicen la visión que impera en nuestra sociedad acerca de este trastorno: que la depresión tiene una causa mayoritariamente biológica y que si la sufres es porque “algo en tu cerebro no va bien”. Como dice en el libro, “se supone que tu cerebro está roto y hay que arreglarlo”. Ya te he hablado de este tema en otros artículos y, como cada vez es más sólida la investigación al respecto, creo que conviene divulgar esta información. Recordemos que, según la Organización Mundial de la Salud, la depresión afecta a unos 280 millones de personas en todo el mundo, y que durante el primer año de la pandemia de COVID-19 los casos de ansiedad y depresión aumentaron más de un 25 %.

Cuando un paciente con depresión viene a consulta y te dice cosas como “es que yo soy así, mi cerebro funciona de forma diferente al de la mayoría”, esto tiene muchas más implicaciones de las que a primera vista parece. En mi opinión, la más importante es que la esperanza se pierde y con ella la motivación para trabajar el problema. Es totalmente comprensible: si soy así, ¿para qué me voy a esforzar en cambiar un defecto que viene de fábrica? Si yo pensara lo mismo, también perdería la motivación.

Dos cosas muy importantes sobre la depresión que este autor nos recuerda en su libro:

  1. La hipótesis de las monoaminas (la supuesta razón por la que los antidepresivos funcionan) no ha sido demostrada. Es más, a estas alturas hay muchísimos estudios cuyos resultados contradicen dicha hipótesis. Los antidepresivos funcionan para algunas personas, sí, pero que funcionen no significa que lo hagan porque solucionan la causa que da lugar al estado depresivo. Ojo, hay una diferencia importante. Si quieres recordar un poco sobre el tema, puedes leer ¿Sirven realmente los psicofármacos?.

  2. Si bien es cierto que la ansiedad y la depresión tienen cierto componente hereditario (no se trata de un único gen, sino de muchos genes con un efecto muy pequeño cada uno; de hecho, los estudios que señalaban un gen concreto de la depresión no se han podido replicar), también es verdad que los genes se pueden activar (expresarse) o desactivar (no expresarse) según el ambiente en el que uno se desarrolle. Por lo tanto, aunque heredases esa predisposición, tendería a manifestarse sobre todo en ambientes muy estresantes, con cierto componente traumático, por ejemplo. Esto significa que, aunque se ha demostrado que existe cierto componente hereditario tanto para la ansiedad como para la depresión, las posibilidades de que esa predisposición se manifieste dependen en gran medida del contexto. Es decir, heredar esos genes no es determinante para padecer ansiedad y/o depresión.

Muchas investigaciones ponen en duda que el cerebro de las personas con depresión esté estropeado y, sin embargo, recalcan que las correcciones hay que hacerlas en el contexto que rodea al individuo. Precisamente en eso se centra el libro: en las conexiones perdidas como principal causa del estado depresivo. Te las voy a resumir para que te hagas una idea de los puntos clave y, si te interesa, puedes hacerte con el libro para profundizar en el tema.

  • Desconexión de un trabajo que me guste, que me motive, algo que me haga sentir útil y me aporte cierto grado de autorrealización, así como que me permita cierta calidad de vida. Un trabajo con unas condiciones decentes a todos los niveles. A día de hoy, tener un trabajo con buenas condiciones y en el que uno esté motivado es un verdadero privilegio. Mucha gente deprimida se encuentra en trabajos en los que no se siente valorada, realizada y, en ocasiones, ni siquiera respetada. Trabajos que no les dejan tiempo para una vida personal con un mínimo de calidad. Según los estudios, esto repercute en gran medida en el estado de ánimo de las personas de forma general, contribuyendo más de lo que creemos a generar un estado de ánimo depresivo.

  • Desconexión de los demás. Existen bastantes estudios que han demostrado que la soledad es un factor crucial a la hora de poder desarrollar una depresión. Aquí hay que destacar que no es lo mismo estar solo que sentirse solo. Puedes estar rodeado de gente todo el tiempo, tanto en tu vida personal como en la profesional, y sentirte solo. Sin embargo, también puedes vivir aislado, en plan ermitaño, lejos del mundanal ruido, y no sentir soledad. La soledad es un sentimiento que no depende tanto de con cuánta gente me relacione sino sobre todo de si siento conexión con alguien. Y sentirte desconectado de forma prolongada del resto de seres humanos que te rodean, sentirlos lejos… muy lejos, significa comprar muchas papeletas para un estado de ánimo depresivo.

  • Desconexión de los valores significativos. Vivimos en una sociedad consumista que prácticamente nos condena a sentirnos permanentemente insatisfechos, ya sea con nuestro físico, con nuestro estilo de vida, la casa que tenemos, el coche, la ropa… un sinfín de cosas. No hace falta que te diga que la publicidad, en todos sus formatos (y a la cabeza estaría Instagram), es la principal responsable y mantenedora de esta permanente insatisfacción. ¿Cómo sentirme feliz y satisfecho si se me empuja constantemente a necesitar algo más, algo “mejor”? Claro que es posible no dejarse llevar por todo el circo, pero se hace más difícil para una gran mayoría.

  • Desconexión de los traumas del pasado. Muchas personas con depresión llevan una mochila muy pesada perteneciente al pasado y que está sin resolver. Lo que suele pasar cuando no nos encargamos de vaciar la mochila (bien por miedo; bien porque creemos que no es tan importante; o quizás incluso porque se ha guardado en nuestra mente a modo de recuerdo reprimido) es que suele manifestarse a través de diversos problemas, bien sea una depresión sola o acompañada de otros trastornos.

  • Desconexión del estatus y del respeto. Percibir que se posee un estatus en la escala social más bajo del deseado y que uno no recibe el respeto que considera que merece por parte de los demás son otros dos factores importantes que coinciden en las personas deprimidas. Vivimos en una sociedad en la que, aunque puede parecer lo contrario, hay gran escala dentro de la jerarquía social y una gran diferencia entre los diferentes estratos de la misma, con lo que sentir una diferencia de estatus socioeconómico con respecto a quienes nos rodean, con el consecuente sentimiento de desventaja que para algunos supone eso, es más común de lo que podríamos creer.

  • Desconexión del mundo natural. Según las investigaciones, las personas deprimidas estarían desconectadas de la naturaleza. La depresión lleva al paciente a estar muy centrado en sí mismo, un egocentrismo elevado (que no por capricho), y pasar tiempo conectado con la naturaleza nos recuerda que somos parte de un todo mucho más extraordinario e importante que nosotros mismos. Digamos que nos saca de nosotros mismos para reconectarnos con el todo y ayudarnos así a relativizar y sentirnos conectados a algo mucho mayor que el propio individuo.

  • Desconexión de un futuro esperanzador y seguro. Cuando piensas que tu momento actual es malo pero que es temporal, esto te aporta cierto grado de esperanza y tranquilidad. La idea de que algo negativo tiene fecha de caducidad lo hace más llevable, ¿cierto? Sin embargo, cuando tu perspectiva cambia y no ves posibilidad de un cambio a mejor, te robas a ti mismo la posibilidad de un futuro, la esperanza, la ilusión de algo mejor. Parece ser que este es otro factor importante a la hora de poder caer en un estado depresivo. Desde mi punto de vista es crucial, porque si la persona ha perdido la fe en la posibilidad de un cambio, ¿por qué y para qué intentarlo?

Quiero recalcar algo que considero importante. Muchas veces, cuando la gente piensa en alguien con depresión, se imagina a una persona llorando todo el día y que no sale de la cama. A veces es así, pero otras puedes tener una depresión importante, sentir que caes en el más profundo de los abismos y, sin embargo, ser un estudiante de 10, ser una mamá o papá todoterreno, ir impecable, hacer mucha vida social, tener una actitud extrovertida y alegre de cara a los demás… y sentir una enorme oscuridad, llorar a escondidas, darte atracones de comida o beber más de la cuenta cuando nadie lo percibe… y así con un sinfín de distintas situaciones. Creo que es importante concebir la depresión en todas sus formas, porque los estereotipos y las etiquetas a veces nos ciegan y no nos permiten ver cuando alguien está pidiendo ayuda a gritos “porque no encaja” con lo que tenemos en mente acerca de una persona depresiva.

Ya para terminar, como comenta el autor basándose en numerosos estudios y entrevistas con algunos de los mayores investigadores a nivel internacional en el campo: quizás el camino no está tanto (o al menos no solo) en la química sino en reconectar con lo que cada uno haya desconectado por el camino. Aunque eso suponga el incómodo proceso de investigar, reconocer y cambiar cierta parte de nuestro mundo.

Lectura muy recomendada; además, el autor ha convivido con la depresión durante muchos años, con lo que la delicadeza y la empatía están servidas.