Sara LlorensDoctora en Psicología especialista en TOCEscríbeme
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Imagen corporal y redes sociales

Compararse con cuerpos retocados de Instagram alimenta los trastornos de la conducta alimentaria. Así se trabaja en consulta la imagen corporal.

4 min de lecturaDra. Sara Llorens

Algo que caracteriza a personas con desórdenes de alimentación es comparar su físico con el de otras personas del mismo sexo. Estas comparaciones suelen estar bastante distorsionadas por varios motivos:

  1. Porque la paciente suele partir de una imagen corporal distorsionada (lo que se traduce en que se ve más gorda de lo que realmente está).
  2. Porque los puntos de referencia de las pacientes a la hora de compararse suelen ser modelos de mujer bastante alejados de la realidad y/o “ideales enfermizos”.
  3. Porque muchas de esas comparaciones se hacen a partir de fotos y vídeos retocados (o muy trabajados, en el mejor de los casos).

Este último punto es del que te voy a hablar hoy y, más concretamente, de su relación con las redes sociales.

Hace un par de días tuve una sesión con una paciente que llevo desde hace algunos meses. La paciente en cuestión padece de muy baja autoestima y focaliza sus problemas en el físico. Manifiesta una distorsión de la imagen corporal bastante acusada a pesar de que tiene un peso normal acorde a los estándares de la OMS (rozando la barrera del infrapeso). Gracias al buen rapport que hubo entre las dos desde el principio y al hecho de que está bastante receptiva, hemos logrado poco a poco pequeñas mejorías, entre ellas la desaparición de los vómitos, cierta regularidad de comidas, el cese de las autolesiones… entre otras. Aun así, la distorsión de la imagen corporal sigue muy presente, como cabe esperar en estos casos, ya que suele ser uno de los puntos más resistentes.

Esta última sesión la dedicamos a hablar de los puntos de referencia que ella tenía y, cómo no, salió Instagram, que tantos quebraderos de cabeza da a más de uno (y seguro que no solo en mi consulta). Las redes sociales han sido todo un boom y tienen muchos puntos fuertes, pero también nos encontramos con la otra cara de la moneda. Estuvimos ojeando uno de los perfiles que ella consideraba como el canon ideal de belleza. La primera observación que hicimos es que aquello era estilo Pro-Ana y Pro-Mía (webs que promueven la anorexia y la bulimia), pero en versión más moderna. Un ideal de belleza enfermizo. En las fotos no solo se percibía una delgadez extrema, sino que las posturas (cómo se mostraban las costillas, las clavículas…) estaban realmente estudiadas para conseguir el objetivo.

Otra observación fue que probablemente esas fotos estaban retocadas y, de ser reales (lo que es peor aún), probablemente la persona se había hecho decenas de fotos hasta conseguir “la ideal”, cosa que frustra a mi paciente cuando se hace un par de fotos y no consigue “la perfección” que la instagrammer parece conseguir al primer flash.

Otro punto que tratamos fue que, en el caso de que este cuerpo fuera real, la persona no va a mostrar los días de inanición que pasa para conseguir esa imagen; tampoco va a fotografiarse a sí misma con la cabeza metida en el váter mientras vomita lo ingerido tras un atracón, ni va a enseñar las heridas de las autolesiones; tampoco le va a hablar a pie de foto de su soledad, su desesperación o de lo mucho que se odia a sí misma según el día que le toque. Solo le va a mostrar lo que ella quiere que vea, con lo que esa realidad con la que se compara va a estar manipulada y siempre va a quedar en desventaja, precisamente por eso, porque se compara con una pseudorrealidad. No es juego limpio.

También hablamos de la relación entre felicidad y delgadez. Investigamos en internet (buscando reportajes y similares) ejemplos de instagrammers conocidas que mostraban lo que parecía una vida perfecta y que encajaban en los cánones de belleza de la sociedad, pero que sin embargo habían terminado por cerrar sus cuentas por la ansiedad que les generaba la presión de los likes, confesando que su vida nada tenía que ver con lo que mostraban en sus imágenes.

Todo esto se trabaja en sesión sin intentar convencer a la paciente. Familiares, amigas, pareja… ya han intentado convencerla (a esta persona o a cualquier otra que acude a consulta) y obviamente no ha funcionado.

En las discusiones cognitivas, el trabajo del psicólogo no es convencer al paciente sino hacerle pensar, hacerle reflexionar sobre puntos de vista o ideas en los que él o ella cree firmemente sin cuestionárselos, a pesar de que le resultan dañinos. Abrir una grieta en el muro. Si la paciente a lo largo de la sesión te dice en algún momento “no me lo había planteado así” o algo similar, ya es un paso, porque probablemente en la siguiente sesión te venga con: “estuve pensando en lo que hablamos el otro día y…”. Y ahí vendrán pequeñas reflexiones, que darán lugar a pequeños cambios con el paso del tiempo, tanto en su forma de pensar como en su forma de actuar. Obviamente hablamos de un trabajo de varias sesiones, es un trabajo a cuentagotas, erosionando la pared sesión tras sesión…

En este caso en concreto, a pesar de que esta paciente va muy poco a poco, puedo observar cómo el cambio se va gestando.