Sara LlorensDoctora en Psicología especialista en TOCEscríbeme
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Mitos sobre la felicidad

Saber qué es la felicidad no nos acerca a ella. Repasamos los principales mitos sobre la felicidad y dos factores que nos ponen difícil alcanzarla.

4 min de lecturaDra. Sara Llorens

Algunos estudios en el área sugieren que el concepto de felicidad se ha mantenido más o menos constante a lo largo de la historia. Esto significa que lo que nuestros abuelos pensaban que era la felicidad y lo que pensamos nosotros que es viene siendo más o menos lo mismo. Si tenemos claro qué es la felicidad… ¿por qué para muchos resulta tan difícil de alcanzar y qué nos dificulta conseguirla?

Para responder a ello tendríamos que empezar por los mitos sobre la felicidad. Vamos a comentar algunas de las principales falacias…

  • Con el conocimiento tienes media batalla ganada. No basta solo con el conocimiento para conseguir nuestros objetivos. Claro está que el conocimiento es necesario, pero en muchas ocasiones la realidad es que no nos da ventaja a la hora de actuar o decidir. De hecho, la investigación sobre la toma de decisiones (el psicólogo Daniel Kahneman, por ejemplo, la popularizó con su idea de un pensamiento “rápido” y otro “lento”) sugiere que muchas de nuestras decisiones no se toman tanto por razonamiento como de forma intuitiva, aunque nosotros creamos que no es así y que estamos decidiendo racionalmente. Saber algo no cambia necesariamente cómo nuestra mente lo percibe. Para que te sitúes, te doy un par de ejemplos: sé que esa persona no es para mí, que no me conviene, que no somos compatibles por muchos motivos… pero aun así decido seguir con la relación; un psicólogo experto en depresión mayor no está exento de caer en una solo por tener un amplio conocimiento en el área. El conocimiento teórico/racional sobre algo (incluida la felicidad) no lo es todo, ni siquiera está cerca de serlo. Conclusión: tener claro el concepto de felicidad no nos acerca a ella.
  • En una gran mayoría de los casos creemos que nuestra felicidad será mayor según los logros conseguidos (buen salario, buen trabajo, buenas notas, vida social, un cuerpo perfecto…) y estamos equivocados. Muchos estudios sugieren que, a la larga, este tipo de cosas pesa bastante menos de lo que creemos cuando evaluamos nuestro grado de felicidad.
  • El rol de la genética en nuestra felicidad es clave, por lo que no podemos cambiar la tendencia natural de cada individuo para alcanzarla. Se ha demostrado que la parte correspondiente a la genética es relevante, pero está lejos de ser la clave para alcanzar la felicidad.
  • Las circunstancias que se van dando en nuestras vidas (conseguir un trabajo, un despido, una ruptura de pareja, una discusión…) tienen un papel clave para alcanzar la felicidad. También se ha visto que las circunstancias que acontecen no tienen un rol tan esencial en nuestra felicidad.

Sonja Lyubomirsky y sus colegas propusieron en 2005 un reparto que se hizo muy popular: las diferentes circunstancias de vida explicarían un 10 % de nuestra felicidad, la carga genética un 50 % y nuestros pensamientos y acciones un 40 %. Hoy sabemos que estas cifras no deben tomarse al pie de la letra: otros investigadores (Brown y Rohrer, 2019) han mostrado que el cálculo tiene problemas importantes y que la felicidad no se puede repartir en porcentajes exactos. Aun así, la idea de fondo sigue siendo valiosa: lo que pensamos y hacemos, que es lo que está bajo nuestro control, tiene un papel relevante a la hora de definir lo felices que podemos ser. No podemos controlar nuestra genética ni lo que la vida nos depara, pero sí cómo interpretamos y actuamos ante los acontecimientos que nos toca vivir. Ahora sería interesante que te plantearas: ¿qué % de mi felicidad baso en mis circunstancias de vida y qué % de mi felicidad baso en las cosas que están bajo mi control?

Además de los mitos, existen también muchos factores que nos dificultan alcanzar la felicidad. ¿Cuáles? Dos ejemplos importantes a tener en cuenta:

  • Las redes sociales. En muchas ocasiones se mide la felicidad en términos relativos, es decir, yo me siento más o menos feliz dependiendo de cómo perciba la felicidad media de mi alrededor. Todos sabemos que el mundo de las redes es muy superficial, además de caracterizarse por ser muy poco realista. Solo se enseña una parte, que es la que yo quiero que vean los demás. Una parte muy controlada que proyecta una visión muy distorsionada de la realidad. Pero es el mundo en el que vivimos y, por ende, nos basamos en él también a la hora de evaluar nuestras vidas. Si medimos nuestra felicidad comparándola con las redes, algo que hacen muchas personas, siempre vamos a salir perdiendo.
  • Nuestra sociedad: vivimos en una sociedad donde se promueve mucho el uso de medicamentos para todo. ¿Quieres perder peso? Tómate esta pastilla para quemar grasa, en lugar de hacer un esfuerzo y cambiar hábitos. Y pasa lo mismo con el mundo de la salud mental. La sociedad promueve el uso de fármacos en muchas más ocasiones de las que debería (para “estar mejor”, “sentir menos dolor”, “ser más feliz”…) en lugar de promover la introspección, el trabajo interno y el cambio de hábitos para conseguir un mayor bienestar psicológico.

Importante: si tomas medicación, no la dejes ni cambies la dosis por tu cuenta. Cualquier cambio debe hacerse con tu médico o psiquiatra.