Sara LlorensDoctora en Psicología especialista en TOCEscríbeme
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Lidera, no impongas: conoce y acepta cómo funciona tu mente

Conocer cómo funciona la mente y aceptar sus límites es el primer paso para llevarte bien con ella: a la mente se la lidera.

5 min de lecturaDra. Sara Llorens

Muchas veces les digo a mis pacientes que la mente es una herramienta de la que disponemos. Una herramienta muy poderosa y, en realidad, todavía una gran desconocida. En otros artículos ya hemos comentado algo importante y que nunca hay que olvidar, especialmente si uno pasa por momentos complicados: nosotros no somos nuestra mente, identificarnos con ella es un error. No somos nuestros pensamientos. Empezando por el hecho de que gran parte de la información que procesamos lo hace a nivel inconsciente: ¡quien se identifica con su mente y se la cree todo el tiempo solo conoce una pequeña parte de lo que considera su identidad!

Nuestra mente puede convertirse en nuestra amiga o enemiga, y ello va a depender en gran medida de:

  1. Conocer cómo funciona.
  2. Aceptar cómo funciona.

1. Conocer cómo funciona

Esencial. Tenemos muchas ideas erróneas acerca de esto. Primero creíamos que las neuronas, las células del sistema nervioso, se encontraban únicamente en el cerebro. Luego supimos que el estómago también iba muy bien servido y en los últimos años hemos descubierto que el corazón también tiene su propia red de neuronas (unas decenas de miles, muchísimas menos que el cerebro, pero no por ello menos interesantes). Y además sabemos que todos ellos están conectados y se influyen mutuamente, lo que repercute en aquello que pensamos, a lo que dirigimos nuestra atención, lo que sentimos…

Es importante saber que la mente tiene su propio ritmo, que tenemos miles de pensamientos al día (circulan cifras como la de 70.000, pero no tienen una base científica sólida; lo importante es que son muchísimos). Imagina si tenemos que sentirnos identificados con todos ellos. Imagina si tuviéramos que entender el porqué de cada uno… Lo que te intento decir es que la mayoría de las cosas que nos pasan diariamente por la cabeza no son importantes realmente, solo unos pocos pensamientos lo son. No podemos ocuparnos ni debemos identificarnos con todos los pensamientos que tenemos. Recuerda: la mente lleva su propio ritmo. Es parte de ti, no tú.

La mente nos habla todo el día. Todo el santo día. A veces somos conscientes de ello y otras muchas no, pero el que no lo seamos no significa que no tenga igualmente un impacto en cómo nos sentimos y actuamos. En la medida de nuestra capacidad, hemos de intentar ser conscientes de nuestro discurso interno. Observar lo que nuestra mente nos dice a lo largo del día, cómo nos hablamos, lo que nos decimos… puede darnos información muy valiosa que explique la razón por la que nos sentimos de una manera u otra y por qué actuamos de una forma determinada.

La supresión de pensamientos ansiógenos ha llevado y lleva de cabeza a muchas personas con problemas y trastornos psicológicos que, en el desconocimiento del funcionamiento de su propia mente, han intentado suprimirlos a la fuerza, consiguiendo el efecto contrario y aumentando consecuentemente su malestar. A la mente hay que saber liderarla y el camino no es la imposición. Liderazgo, no dictadura. Es lo que les digo a mis pacientes cuando tratamos el tema.

Por no hablar de los sesgos: ¡nuestra mente sesga y distorsiona continuamente la realidad percibida! Quizás sepas de los sesgos más conocidos (catastrofización, lectura de mentes, sesgo de confirmación, filtración selectiva… por mencionar algunos), pero más allá de ellos existen otros muchos más. Nuestra mente interpreta la realidad de forma muy sesgada. Cuidado con ver como verdades todo aquello que nos dice nuestra mente.

En la mayoría de casos, la mente tiende a irse al pasado, al futuro o a dispersarse en cosas varias en el momento presente. A la mente le cuesta vivir en el aquí y ahora, lo que provoca muchos tipos de emociones y, en situaciones más graves, contribuye a desencadenar y mantener problemas psicológicos como la depresión o los trastornos de ansiedad. De ahí la meditación, cuyo principal objetivo es conseguir que la persona se centre en el momento presente y que tantos beneficios otorga a quien la practica con frecuencia.

Aquí solo he mencionado algunos pocos puntos, pero quiero recalcar que parte esencial de la terapia es la educación psicológica. Ya no solo del trastorno o problema determinado que padece el paciente, sino de cómo funciona la mente. Conocerla es empezar a hacerse con ella.

2. Aceptar cómo funciona

Como he dicho antes, la mente es una poderosa herramienta de la que disponemos, que forma parte de nuestro ser. Y que lleva su ritmo y su funcionamiento. De nosotros depende mucho llevarnos bien con ella o no. Hay que aceptar ese funcionamiento, sabiendo que podemos aprender a gestionarla mejor de lo que lo hacemos, pero con ciertos límites. Conocer, entre otras cosas, todo lo anteriormente mencionado te puede ayudar mucho. Luego, a través de estrategias varias según el caso de cada uno, es cuando aprenderemos a llevarnos lo mejor posible con ella.

Cuando digo aceptarla, me refiero a que hay que saber distinguir bien entre cómo me gustaría que funcionase y cómo realmente funciona. Distinguir y aceptar. Imponerle a mi mente cómo tienen que ser las cosas está bien lejos de lo que llamamos aceptación. Una vez más: a la mente no se le impone, se la lidera.

Aceptar que no puedo suprimir los pensamientos que me alteran de la manera en la que quiero y cuando yo quiero. Aceptar que mi mente tiene un ritmo a la hora de procesar la información y gestionar los sucesos que acontecen en nuestras vidas (una ruptura, un duelo…) y que no porque yo piense “es que esto debería estar ya resuelto” mi mente va a adaptarse a mi imposición (porque no lo hará). Aceptar que no todo lo que pienso, por mucho que esté seguro de ello, refleja la realidad (como te he comentado, la mente nos engaña muchas veces). Aceptar que en muchas situaciones me tendré que quedar con cierto grado de incertidumbre y mi mente me empujará a resolverla a través de diferentes medios, aunque como ser humano no tenga la capacidad de conseguir esa certeza y me la acabe inventando y creyendo mi propia mentira. Aceptar que no soy solo lo que pienso, soy mucho más complejo y completo que mis pensamientos. Ellos, solo por ellos mismos, no me definen. Y así un sinfín de cosas más.

Hay una frase de la psiquiatra Marian Rojas que me gusta mucho y con la que estoy muy de acuerdo: “Comprender es aliviar”. Aprendamos pues a comprender cómo funciona nuestra mente para poder aceptarla y gestionarla lo mejor que nuestras capacidades nos permitan.