Mitos sobre las emociones
No hay emociones correctas o incorrectas, ni surgen de la nada. Seis creencias erróneas sobre las emociones que nos hacen sentir peor de lo necesario.
En este artículo te voy a hablar de algunas creencias irracionales que solemos encontrarnos cuando hablamos de las emociones. La sociedad en la que vivimos promueve las emociones positivas y castiga las negativas, por lo que es comprensible que hoy en día muchos sigamos alimentando estos mitos. Esta forma de ver el mundo emocional hace que en muchas ocasiones las personas nos sintamos mal cuando nos surgen emociones negativas o cuando no dominamos las emociones como se supone que deberíamos hacerlo. ¿Qué ideas erróneas son esas? Vamos con algunas.
Existen sentimientos adecuados e inadecuados en cada situación. Esto no es cierto. No existen las emociones correctas o incorrectas, simplemente existe el cómo nos sentimos. El objetivo es aceptar nuestras emociones, sean las que sean, sin juzgarlas. Si las rechazamos por creer que “no es lo que debería sentir”, entonces las viviremos de forma más intensa porque nos castigaremos por lo que sentimos. Esto es un error y además nos hace más daño. Las emociones son las que son y ya. Todos tenemos derecho a sentirnos de una manera u otra en las diferentes situaciones; otra cosa es que actuemos en base a esas emociones. Es decir, yo tengo derecho a sentir rabia, enfado, vergüenza, envidia, miedo… pero otra cosa es que dirija mis acciones en base a esas emociones. Aquí es importante racionalizar y analizar qué consecuencias puede acarrear actuar guiándome por las emociones del momento.
No tengo que sentir emociones negativas porque son dañinas. Otro mito. Esto ya lo hemos comentado en algún otro artículo: las emociones que consideramos “negativas” también tienen su función y sin ellas tendríamos problemas. Por ejemplo: el enfado, bien llevado, nos puede ayudar a resolver conflictos interpersonales, mejorando así la calidad de nuestras relaciones; también puede ayudarnos a conseguir objetivos o a demostrar a los demás que no nos van a tomar el pelo (especialmente útil en personas de carácter sumiso que trabajan su asertividad)…; cuando el miedo/ansiedad está justificado por la existencia de una amenaza real, nos puede salvar la vida; la tristeza nos ayuda a parar y a recapacitar sobre lo que no va bien en nuestras vidas…
Algunas emociones surgen de la nada. Esto tampoco es cierto. Toda emoción surge de la interpretación de una situación, es decir, de un pensamiento. Este pensamiento puede ser más o menos automático y por eso a veces nos puede costar identificarlo, pero siempre hay uno o varios que justifican la aparición de una emoción.
He de esconder e ignorar las emociones que no me gustan. Esto es un gran error porque puede resultar muy problemático para la persona que lo lleva a cabo. A veces las personas escondemos las emociones que consideramos negativas por miedo a ser juzgados; otras lo hacemos porque pensamos que así nos protegemos; otras las ignoramos únicamente porque creemos que “ya se irán”. Esto último puede funcionar con emociones negativas muy leves, pero no con emociones más intensas. Si trabajo de dónde vienen y por qué, con el tiempo aprenderé a gestionarme mejor emocionalmente y esto me ayudará mucho a lidiar con el día a día.
Si siento con mucha intensidad, significa que he perdido el control. No es cierto. Esto es similar al primer punto: está bien sentir con intensidad; cuanto más intente bloquear la emoción, mayor será el efecto rebote. Estás en tu derecho a sentir intensamente, pero analiza si es adecuado actuar en base a esa emoción y a la intensidad del momento.
No puedo tener emociones contradictorias ante una misma situación. ¡Claro que sí se puede! Juan se alegra de que a su amigo y colega le hayan ascendido, pero al mismo tiempo siente celos porque él se ha quedado en el mismo puesto. Se puede y, de hecho, es algo que ocurre con frecuencia. Y no pasa nada porque sea así: somos seres muy complejos y nuestro mundo emocional forma parte de esa complejidad. Si yo no acepto que pueda tener ambas emociones contradictorias, tendré un conflicto, porque que yo no lo quiera ver no va a hacer que deje de sentirme como me siento. Si identifico y comprendo que puedo y tengo derecho a sentir ambas emociones sin que eso me convierta en un mal amigo (como en el caso de Juan), entonces tendré muchas más oportunidades de sentirme mejor y de conocerme mejor.
