¿Cómo se trata el trastorno límite de la personalidad?
Cómo trabaja la terapia dialéctica comportamental con el TLP: validar y cambiar, diario DBT, análisis en cadena y reducción de conductas de riesgo.
En otro artículo sobre el trastorno límite de la personalidad (TLP) te describí las principales áreas disfuncionales de las personas que padecen este trastorno (te recomiendo que le eches un vistazo aquí para situarte y que este tenga más sentido). Hoy me gustaría continuar con él para hablar del tratamiento de esas áreas. La terapia dialéctica comportamental es la que actualmente se reconoce como más eficaz para disminuir las manifestaciones del TLP. Para ello habría que empezar diciendo que el TLP se reconoce como un trastorno cuyo origen es la suma de:
Vulnerabilidad biológica + ambiente invalidante = autoinvalidación (inexistente tolerancia a la frustración, odio a sí mismo, expectativas nada realistas)
¿Y qué quiere decir esto? Pues que las causas del trastorno son tanto biológicas (disfunción en ciertas estructuras cerebrales relacionadas con la gestión de las emociones) como ambientales o aprendidas (un ambiente invalidante es aquel que niega o desacredita ciertas conductas de forma persistente sin importar la validez de las mismas; por ejemplo, reconocer y expresar las propias emociones).
Una vez dicho esto, la terapia dialéctica comportamental tiene como objetivos:
- La validación/aceptación de las propias emociones y formas de actuar.
- El cambio de la gestión de las mismas: aprender a regular dichas emociones y aumentar la eficacia interpersonal (es decir, las relaciones que tengo con el mundo). Esto se resume en: enseñar al paciente a solucionar/gestionar problemas de forma eficiente, sana. Esto último no incluye la evitación, la autoagresión ni tampoco la huida, que son las principales armas de los pacientes con TLP a la hora de resolver conflictos.
Durante toda la terapia se pretende disminuir la rigidez mental del paciente, que no tenga esa visión tan dicotomizada (blanco o negro, no hay gama de grises: si me sale mal, es un fracaso; si me esfuerzo y no lo consigo, nunca lo conseguiré…). Esta visión tan polarizada les lleva a emociones negativas y muy extremas, a la desesperanza y, por tanto, a conductas muy disfuncionales. Validar/aceptar y cambiar, validar/aceptar y cambiar… ese es el núcleo de todo.
Nota: se puede aceptar algo a la par que intentamos mejorarlo.
Para conseguirlo, hay varias fases. Los objetivos de la primera fase de la terapia serían:
- Reducir conductas suicidas y autolesiones: los pacientes con TLP suelen ver estas conductas como una solución a sus problemas. En la terapia se establecerán “reglas” a la hora de manejar los intentos y, si los hay, se analizarán en profundidad.
- Reducir conductas que interfieran en la terapia (no aparecer en las sesiones, llegar tarde, no hacer lo que se le pide… Sabotearla, vamos). Se definirán de antemano las conductas saboteadoras y, si se dan, se tratarán en profundidad sus causas para poder encontrar alternativas de solución que las disminuyan.
- Reducir conductas que interfieran en la calidad de vida del paciente (abuso de sustancias, acciones ilegales, conductas disfuncionales en el trabajo, problemas graves de alimentación…).
Para ello se utiliza el llamado diario DBT. El diario es una hoja que el paciente debe cumplimentar y traer a cada sesión. Un diario semanal en el que se informará al terapeuta de diferentes temas como, por ejemplo: si ha habido o no uso de drogas, de alcohol; si ha habido conductas impulsivas y cuáles; conductas sexuales inapropiadas; emociones y sus niveles… Este diario semanal aporta información relevante a la sesión de terapia sobre las conductas problema más frecuentes del paciente y nos indica por dónde empezar.
Con esa información que el diario nos proporciona, haremos un análisis conductual en cadena (recuerda qué es aquí), es decir, analizaremos la secuencia de pasos que ha llevado al paciente a la conducta problema para ver por dónde metemos mano al tema y empezar a disminuir las posibilidades de que dicha conducta tenga lugar; es decir, aplicar la solución de problemas.
Si en terapia es importante no hacer juicios de valor (en realidad es un básico), con las personas con TLP aún lo es más, debido precisamente a su nivel de susceptibilidad. Validar sin juzgar. No hace falta dar una opinión para ayudar a alguien a conseguir un cambio.
En estos casos hay que prestar especial atención a los sentimientos de vacío y el aburrimiento, ya que suelen ser desencadenantes de conductas problema. Por ello es importante enseñar al paciente a distraerse con actividades que le resulten motivadoras. O la búsqueda de un empleo (si en la actualidad está en condiciones para ello), ya que esto aumentará además su sentimiento de autoeficacia (sentirse útil).
En otra ocasión te hablaré del entrenamiento en habilidades sociales, otra fase de la terapia muy a tener en cuenta, ya que estas personas tienen una forma muy disfuncional de interactuar con el resto, lo que les lleva a más malestar y reafirma todas sus ideas irracionales. Aprender a relacionarse con el mundo será una parte básica del tratamiento.
