Sara LlorensDoctora en Psicología especialista en TOCEscríbeme
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No todos los miedos son iguales: TOC

El miedo racional responde al contexto; el miedo en el TOC nace de la imaginación y no baja aunque nada lo justifique. Por qué compararlos es injusto.

4 min de lecturaDra. Sara Llorens

Ya te he comentado en otras ocasiones que las emociones, tanto las primarias (miedo, asco, tristeza, alegría, enfado y sorpresa) como las secundarias (vergüenza, culpa, celos, envidia, placer, orgullo…), siempre cumplen una función. Tanto las que consideramos positivas como las negativas, todas ellas existen por un motivo. De entre ellas, hoy me voy a parar en el miedo. El miedo cumple una función muy concreta: proteger nuestra supervivencia. De modo que, cuando percibo una amenaza, esa señal va directa del tálamo a la amígdala y de ahí al hipotálamo, que envía señales al resto de mi cuerpo para ponerlo en modo supervivencia. Por lo tanto, el miedo nos pone alerta ante posibles situaciones que representen un peligro para nosotros y nos ayuda a actuar en consecuencia. Ahora bien, el miedo racional nos ayuda (aquel que se despierta ante una amenaza real), pero el miedo irracional nos puede perjudicar hasta amargarnos la existencia. Y he aquí cuando aparecen los trastornos de ansiedad y el TOC (por si no lo sabías, con el DSM-5 el TOC dejó de estar catalogado como un trastorno de ansiedad).

Esta semana, en mitad de una sesión por Skype con un paciente con TOC, él me dijo que se consideraba a sí mismo un cobarde porque no lograba superar su trastorno y que, sin embargo, su miedo al COVID sí lo había vencido con el paso de los meses. Me detuve porque consideré importante aclarar ciertos puntos de su comentario y explicarle lo injusta que era esa comparación. Empecé por preguntarle si su miedo en marzo (cuando los hospitales estaban saturados, había mucho desconocimiento sobre el tema y estábamos todos confinados) era el mismo que ahora en octubre. Me dijo que no. Entonces le pregunté la razón y él me dijo que ahora había espacio en los hospitales y que todos conocíamos mucho mejor el tema y cómo actuar. “Por lo tanto, la situación es distinta, menos amenazante, y tu miedo ha disminuido en proporción a la situación. No ha desaparecido porque el virus nos sigue rondando, pero sí ha disminuido notablemente desde marzo”, le respondí.

El miedo al COVID, en el caso de este paciente, era un miedo racional: aumenta o disminuye acorde al grado de amenaza de las circunstancias o del contexto en el que la persona se encuentra. Es un miedo natural, funcional y útil.

Entonces me fui a su área TOC (“¿Y si hay mercurio en X objeto, lo toco/ingiero y me pasa algo a mí o a mi familia?”) y le recordé cuantísimas veces habría comprobado él en los mismos objetos si había mercurio y cuantísimas veces, día tras día, la respuesta era la misma: no hay. Es decir, las circunstancias, su contexto, le devuelven una y otra vez la misma información: no hay amenaza. Entonces le pregunté si el miedo había disminuido tras comprobar que la situación no era amenazante. Su respuesta fue obvia: no. “Exacto, porque el miedo en el TOC es un miedo irracional que no responde al contexto, mientras que tu miedo al COVID es racional. Por eso tú y yo tratamos un TOC de contaminación por mercurio y no un TOC de contagio por COVID. Por lo tanto, compararlos y castigarte por no tener los mismos resultados es injusto para ti y una pérdida de tiempo”, le respondí.

El miedo en el caso del TOC por contaminación es irracional y, por lo tanto, disfuncional.

Aproveché y vinculé esta pequeña explicación sobre su comentario al tratamiento basado en la terapia inferencial que estamos llevando a cabo juntos. Te lo recuerdo brevemente: la terapia inferencial viene a decir que las dudas obsesivas del TOC siempre van a surgir en contextos inapropiados, es decir, que no están justificadas en el aquí y ahora del paciente. El contexto que percibo a través de mis sentidos no justifica que yo me plantee la duda obsesiva.

  • Ejemplo: me voy a sentar a la mesa con mi familia, veo cómo mi mujer me pone agua en el vaso y me viene a la cabeza “¿Y si hay mercurio en el agua de la botella?” (compulsión: no beber y no dejar beber a los demás).
  • Ejemplo: estoy jugando al fútbol con mi hijo y me viene “¿Y si en la pelota hay restos de mercurio?” (compulsión: dejar de jugar, tirar la pelota a la basura y lavado de manos intenso de ambos, padre e hijo).

En el TOC la persona está haciendo más caso a su imaginación que a lo que le dicen sus sentidos (a los hechos percibidos); prioriza lo que podría pasar/ser/haber a lo que pasa/es/hay. Por lo tanto, por mucho que las circunstancias no justifiquen la obsesión, la persona no disminuirá su miedo, porque este no nace del contexto (de fuera), sino que nace y se alimenta de la imaginación del paciente. Por eso, el miedo en el TOC, además de ser irracional, sería de una naturaleza distinta y requiere un trato distinto al de otros miedos.

Como te podrás imaginar, los pacientes saben de entrada que el miedo en el TOC es irracional, pero a veces se despistan y hacen este tipo de comparaciones que solo acaban por desmotivarles y hundirles. Así que más de una vez viene bien pararse un rato y dedicar un tiempo a recordar la naturaleza del miedo en el TOC. Y como le dije a este paciente (y he tenido que recordar a otros muchos en ocasiones anteriores): tener dificultad para superar un trastorno no tiene nada que ver con la cobardía; el hecho de intentarlo ya dice mucho del coraje de la persona. A ver si por fin nos mentalizamos todos de que los trastornos mentales no son una elección. Al igual que nadie elige pasar por un cáncer, nadie elige desarrollar un problema mental. Y al igual que el primero no debería castigarse a sí mismo por no poder hacer desaparecer su enfermedad, tampoco debería hacerlo el segundo.