Sara LlorensDoctora en Psicología especialista en TOCEscríbeme
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¿Soy débil por ir al psicólogo?

"Los que van al psicólogo son débiles". Por qué reconocer un problema y pedir ayuda exige inteligencia, humildad y valentía, no debilidad.

4 min de lecturaDra. Sara Llorens

Tenía preparado para hoy un artículo sobre los peligros de los antidepresivos, pero tras un pequeño debate que tuve ayer con un par de personas, me resulta inevitable sacar el tema aquí. No recuerdo cómo surgió la conversación, pero de repente me encontré escuchando: “Las personas que van al psicólogo son débiles”, y al tercero en discordia apoyando el comentario: “La vida es dura y uno se tiene que hacer fuerte. No puede ser un camino de rosas. Yo he pasado por cosas y no he ido a ningún psicólogo. Uno tiene que aprender a lidiar con los momentos difíciles de la vida”.

Hay veces que oigo sandeces sobre los psicólogos o la psicología en general. Depende de cómo me pille, del comentario en sí, del tipo de personas presentes y de la relación que tenga con ellas, me molesto en dar mi opinión o no. Y soy más o menos contundente. En este caso, el comentario en sí me molestó lo suficiente como para librar esa batalla.

Vamos a ver, partiendo de la base de que en España seguimos estando los últimos de la cola en lo que respecta al área de la psicología. Comentarios como los que oí ayer son una creencia general en nuestro país. Cada vez menos, pero lo siguen siendo. Esto no pasa en EE. UU., Canadá, Reino Unido… entre otros, donde a la psicología se le da la credibilidad que merece y que va acorde a toda la investigación científica que la precede. Cierto es que la psicología es una ciencia relativamente nueva si la comparamos con las demás, pero no por ser más desconocida es menos válida que el resto. Sin embargo, la realidad es que, al ser más desconocida, da lugar a un mayor grado de escepticismo. El desconocimiento o la ignorancia sobre un tema siempre van cogidos de la mano de los prejuicios. Bien agarraditos. Las personas que creen que aquellos que acuden a consulta son débiles no hacen sino basar su afirmación en prejuicios. Rascas un poco, como hice yo ayer, y los dejas sin fundamento alguno.

Que alguien no vaya al psicólogo no implica, ni de lejos, que sea más fuerte que aquel que acude a un profesional. ¿Desde cuándo reconocer un problema y pedir ayuda es de débiles? Ya lo he comentado en más de una ocasión:

  • En primer lugar, hay que ser inteligente, valiente y honesto para reconocer que se tiene un problema.
  • En segundo lugar, hay que ser humilde e inteligente a la par para reconocer los propios límites en un momento dado y admitir que, llegado un punto, uno puede no saber cómo resolver la situación por sí mismo. Se intentó, pero no se pudo.
  • Por último, hay que ser muy valiente para pedir ayuda a un desconocido y fuerte para encaminarse en el duro proceso que representa hacer una terapia. Porque, no nos engañemos, pasar por terapia es un proceso muy “fastidioso”.

La persona que tiene un problema y no pide ayuda no es más fuerte que quien admite el problema y la pide. Quizás más resistente, pero no más fuerte. Y la resistencia no tiene por qué ser positiva, depende de a lo que te estés resistiendo. De hecho, una gran parte de los problemas que recibo en consulta se deben a haber resistido más de lo que uno podía. Meter el polvo debajo de la alfombra no equivale a limpiarlo.

Al igual que dije ayer: “¿Qué argumentos tienes tú para afirmar que un paciente mío es débil? No tienes absolutamente ningún dato de esta persona y, sin embargo, por el mero hecho de que acude a una consulta de psicología, ya das por sentado que es débil. ¿Qué es eso sino un prejuicio?”.

Cada uno hemos tenido una suerte en la vida, unas circunstancias, una educación, una familia, un entorno, una biología… No a todos se nos han dado las mismas herramientas para lidiar con la vida y ante un mismo problema no todos reaccionamos igual, pero eso no implica que podamos generalizar llamando al otro “débil” cuando muy probablemente sea mucho más resolutivo que tú y que yo en otras muchas áreas.

No digo que en la consulta de un psicólogo no podamos encontrar gente débil; lo que digo es que no encontraríamos una mayor proporción que si buscáramos fuera. Pedir ayuda no se debería considerar un criterio para definir la debilidad o la fortaleza del ser humano. Quizás una medida de resistencia, pero no de fortaleza.

Luego vino la mejor parte de la conversación: “Por ejemplo, cuando os llaman cuando hay un accidente de avión o una catástrofe, ¿qué va a hacer un psicólogo en esa situación? Si se te ha muerto tu hijo o tu mujer, ¿qué va a hacer un psicólogo? ¿Darte consejos?” (Tenía la pared lejos, que si no me hubiera dado de cabezazos contra ella). Y es aquí cuando enlazo con lo que comentaba en líneas anteriores sobre el desconocimiento y los prejuicios sobre la psicología en general. Ya no con el rol de paciente, sino también con el del psicólogo y su función. Pero es que, al final, todo sigue el mismo hilo: si piensas que el rol de un psicólogo es aconsejarte como lo haría un amigo, es perfectamente comprensible que tengas prejuicios sobre aquellos que “pagan por pedir consejo” (nótese el sarcasmo).

La conversación fue más extensa, pero creo haber escrito un buen resumen de la misma. Simplemente para que reflexionemos, porque desgraciadamente la opinión de estas dos personas es representativa de una gran mayoría. Da que pensar.