Sara LlorensDoctora en Psicología especialista en TOCEscríbeme
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¿Qué es la sideración psíquica? (1.ª parte)

Por qué algunas víctimas se quedan paralizadas ante una agresión: qué es la sideración psíquica, cómo se distingue de la disociación y su base cerebral.

3 min de lecturaParte 1Dra. Sara Llorens

La sideración psíquica es un fenómeno que se da en situaciones traumáticas, sobre todo en agresiones sexuales. Sideración significa “parálisis”. En ocasiones, cuando una persona vive una situación tan traumática que su cerebro es incapaz de asimilarla, se produce una parálisis psíquica que a su vez produce una parálisis física. Digamos que el cerebro deja de funcionar en esos instantes y nos convertimos en algo parecido a un muñeco de trapo, a una marioneta, con lo que el agresor (si se trata de una agresión sexual, por ejemplo) tiene mucha más facilidad para hacer de nosotros lo que quiera. En esos momentos el miedo es tan brutal que nuestro cerebro se colapsa. Tal cual. Evidentemente, esto deja a la víctima completamente fuera de juego.

Hay que distinguir bien entre sideración y disociación. Como te he dicho, la primera es una parálisis que hace que la víctima no pueda reaccionar, mientras que la disociación es una desconexión emocional que en estos casos se da tras la sideración y que hace que la víctima viva la situación en el momento como algo surrealista, ajena a cualquier tipo de emoción. Ambos son mecanismos de defensa de nuestro cerebro. ¿Por qué? Te lo explico.

Cuando se produce una situación traumática, la amígdala dispara los niveles de adrenalina y cortisol en el cerebro, que son las sustancias que se liberan ante situaciones de estrés. Estas sustancias se liberan para preparar al cuerpo para la huida (a nivel evolutivo, el estrés representa una amenaza para el cerebro, y este prepara al cuerpo para huir de esa amenaza). El problema es que, si el agresor retiene a la víctima, esa huida no es posible, pero esas sustancias se acumulan y sobrecargan el organismo. Según el modelo propuesto por la psiquiatra Muriel Salmona, ese exceso de estrés supondría un riesgo para el organismo (por ejemplo, a nivel cardiovascular) y, para protegerse, el cerebro liberaría sustancias propias con efectos parecidos a los de la morfina y la ketamina (como las endorfinas), que van a producir un cortocircuito cerebral. Es un modelo explicativo muy útil, aunque no todos sus detalles están confirmados por la investigación. El resultado es que la víctima sigue viva, pero entra en una segunda fase, que es la de disociación, como si saliera de su cuerpo y viera la situación desde fuera. La sideración es un mecanismo de defensa ante un problema fisiológico, mientras que la disociación es una defensa ante un daño psicológico.

La respuesta de parálisis ante una amenaza extrema (lo que en la literatura científica se conoce como inmovilidad tónica) está bien documentada, y en las pruebas de resonancia magnética se observan cambios en la actividad cerebral relacionados con el trauma. Si durante la prueba hacemos que la persona reviva (con fotos, relatos, vídeos) la situación traumática, se ve cómo la amígdala se activa intensamente (queda en colores) y cómo disminuye la actividad de otras zonas, como algunas áreas de la corteza prefrontal y del lenguaje.

Todo esto también tiene consecuencias importantes posteriormente a la hora de recordar el trauma, ya que con estos fenómenos el hipocampo (zona cerebral donde se integra la memoria) queda afectado, porque su funcionamiento se ve alterado, con lo que a la víctima le cuesta mucho recordar los hechos porque no los ha integrado como debiera. Digamos que el marco espacio-temporal queda muy difuso, con la consiguiente incapacidad para recordar con cierta precisión lo ocurrido.

Todo esto es básico, es conocimiento esencial que hay que tener en cuenta, ya que el desconocimiento sobre el tema hace que pueda juzgarse erróneamente a la víctima, pensando que, si no reaccionó defendiéndose con uñas y dientes, es porque en realidad consintió. O que, al no poder recordar lo que pasó, miente, que se lo está inventando. Cuando la realidad es que su actitud es producto de toda una serie de procesos psíquicos de la naturaleza humana totalmente ajenos a su control y, en muchos casos, a su propio conocimiento, ya que muchas víctimas sienten una enorme culpabilidad al malinterpretar esa falta de reacción ante la situación. El desconocimiento del funcionamiento del cerebro humano en estos casos hace que la propia víctima llegue a plantearse si “hizo algo mal”.

Hay algunos otros puntos relacionados con el tema que creo que es importante que conozcas, así que les dedico una segunda parte para terminar de hacernos una idea de lo que representa este fenómeno y… de su repercusión a todos los niveles.