Sara LlorensDoctora en Psicología especialista en TOCEscríbeme
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Síntomas del trastorno de identidad disociativo (2.ª parte)

Segunda parte sobre los síntomas del TID: síntomas corporales, intrusiones y voces, regulación emocional, mentalización y creencias de cada identidad.

3 min de lecturaParte 2Dra. Sara Llorens

Aquí vamos con la segunda parte de la sintomatología en el trastorno de identidad disociativo (TID).

Síntomas corporales de la disociación

Respecto a los síntomas corporales, las parálisis, convulsiones y pseudocrisis epilépticas son los más conocidos en el caso del TID. También es frecuente encontrarnos con alucinaciones auditivas.

Las intrusiones

Las intrusiones pueden verse reflejadas en forma de pensamientos egodistónicos (como en el trastorno obsesivo-compulsivo), voces (voces infantiles, voces amenazantes, voces que discuten entre ellas…) o sensación de estar siendo controlado por una fuerza externa que parece que te lleva a hacer cosas que no quieres hacer. Todas ellas pueden estar presentes en el TID y reflejan alteraciones o confusión con la propia identidad (de esto te hablé en la primera parte). Una de las diferencias que se suelen señalar entre las voces disociativas y las de la esquizofrenia es que las primeras suelen surgir en la infancia. Es un criterio orientativo, no definitivo: para distinguirlas hace falta una evaluación cuidadosa del conjunto de síntomas.

Regulación emocional y sistemas de creencias

En las relaciones de apego de la infancia establecemos los mecanismos de regulación emocional y las creencias centrales sobre la propia identidad (quién soy). Ya te hablé en otro artículo del apego desorganizado que suelen haber padecido las personas con TID. Si el niño no tiene una figura de apego sana, aumentan las probabilidades de padecer futuros problemas de identidad y problemas en la regulación de las emociones. Generalmente, las personas con TID rechazan las emociones relacionadas con la vulnerabilidad y con el apego debido a su apego desorganizado en la infancia. Cualquier emoción relacionada con el mismo la perciben como un peligro. Muchos también rechazan ciertas emociones positivas como la alegría, la afectividad o el cariño porque las desconocen y las pueden interpretar como posible amenaza. La culpa y la vergüenza también son emociones que bloquean.

Como comentamos en la primera parte, los pacientes con TID suelen tener problemas para reconocer las propias emociones y las ajenas, ya que no pudieron desarrollar suficientemente lo que llamamos mentalización. ¿Qué es eso? Es la capacidad de entender nuestra conducta y la de los demás en términos de estados mentales (pensamientos, emociones, deseos, intenciones), lo que incluye darnos cuenta de que los demás tienen una mente propia, distinta de la mía. La mentalización se desarrolla a través de un apego adecuado en la infancia. Si la persona no ha tenido una relación sana con su cuidador principal, es difícil que haya podido desarrollar un nivel adecuado de mentalización.

Las creencias básicas se crean en la infancia, a través de las experiencias y la educación recibida. En los casos de TID la fragmentación es elevada, lo que significa que puede haber diferentes personalidades que funcionen de forma independiente, y las creencias o esquemas básicos pueden ser muy diferentes según cada una de las personalidades. Por ejemplo, puede haber una personalidad muy introvertida y tímida, mientras que otra sea el alma de la fiesta; o puede haber una personalidad con buena voluntad mientras que otra sea extremadamente agresiva.

En cualquier caso, los síntomas mencionados no son exclusivos del TID. Pueden formar parte de otros trastornos disociativos, o incluso de otros trastornos psicológicos de distinta naturaleza. Por ello, la evaluación de un posible caso de TID ha de ser exhaustiva y tener muy en cuenta si hay relación entre estos síntomas y un acontecimiento traumático grave en la infancia, ya que esto puede ser un factor clave a la hora de llevar a cabo un correcto diagnóstico.