Tipos de apego y su relación con el trauma
Apego seguro, evitativo, ansioso y desorganizado: qué los diferencia y por qué el apego desorganizado aumenta el riesgo de trauma.
Hoy vengo con una nueva recomendación. El libro me lo sugirió un buen amigo y compañero de profesión y fue todo un acierto: El cuerpo lleva la cuenta, de Bessel van der Kolk. Lo recomiendo porque, además de considerarlo un buen libro sobre el trauma, opino que está escrito con mucha delicadeza y una buena dosis de empatía. El autor te explica los diferentes avances en investigación sobre el trauma, la fisiología del cerebro traumatizado, el trauma infantil y en adultos, así como los tratamientos más recomendados para este tipo de situaciones (unos más tradicionales que otros). Todo ello con profesionalidad, cercanía y amabilidad. Quizás te parezca una simpleza, pero no lo es: no es tan fácil comunicar temas así de esa forma.
En mi opinión, el libro no tiene desperdicio. Y por la forma en la que está escrito, pienso que no hace falta ser profesional en la materia para poder leerlo y apreciarlo.
Podría hablarte de muchos de los puntos que me han parecido interesantes, pero quiero centrarme en la relación entre el apego y el trauma. Ya comenté en otro artículo la relación entre el apego desorganizado en la infancia y el desarrollo de trastornos disociativos (recuerda: la disociación es muy común en personas traumatizadas), y hoy me gustaría profundizar un poco más en el tema.
De forma general, definiríamos el apego como el vínculo afectivo que se desarrolla entre un niño y sus padres. El apego es instintivo, ya que el niño necesita a sus papás para sobrevivir. El desarrollo de un tipo de apego u otro es clave y tiende a mantenerse a lo largo de los años, influyendo en el tipo de relaciones personales que estableceremos de adultos. Existe el apego organizado y el desorganizado. En el apego organizado habría tres categorías: apego seguro, de evitación y ansioso. Estas tres categorías de apego organizado funcionan porque el niño recibe la mejor atención que sus padres pueden darle según el caso, aunque el de evitación y el ansioso probablemente den lugar a algunos problemas en el futuro. A continuación te explico las tres categorías con algo más de detalle.
El apego seguro es el que tendrían que tener todos los niños. En este caso los padres combinan el cuidado, la protección y el confort del pequeño, a la vez que le ayudan a desarrollar sus propias competencias poco a poco. Este tipo de apego crea en el niño un centro interno de control que le ayuda a diferenciar entre las situaciones en las que se puede valer por sí mismo y aquellas en las que tiene que pedir ayuda. Estos niños aprenden que, si piden ayuda, la obtendrán. En el apego seguro, el niño llora cuando la mamá se va, pero muestra calma y alegría cuando esta vuelve.
A diferencia del apego seguro, en el apego de evitación los niños parecen no sentirse afectados cuando su mamá se va, ni tampoco muestran alegría cuando vuelve. Sin embargo, los estudios han observado que la tasa cardíaca de estos bebés sí se ve alterada, aunque no lo manifiesten. Es más, muestran un ritmo cardíaco muy elevado, lo que sugiere que internamente estos niños están muy activados, aunque no lo muestren. También se ha observado que las mamás que establecen este tipo de apego con sus bebés no suelen acariciarlos ni abrazarlos, así como tampoco utilizan expresiones faciales para comunicarse. Los niños con este tipo de apego tienen más probabilidades de convertirse en adultos a los que les cuesta reconocer y expresar sus sentimientos y conectar con los ajenos.
En tercer lugar estaría el apego de tipo ansioso, en el que el bebé llama constantemente la atención de su mamá a través de llanto, gritos, pataletas… Como si necesitara la presencia de la madre en todo momento por encima de cualquier cosa. Como en el apego seguro, se ponen muy nerviosos cuando su mamá desaparece, pero con la diferencia de que en este caso el niño no parece calmarse cuando la mamá regresa. Estos niños tienen más probabilidades de convertirse en adultos ansiosos, sobre todo en sus relaciones, con miedo al abandono y una gran necesidad de reaseguramiento.
Luego entraríamos en el apego desorganizado que, como ya te he comentado, es el que se encuentra con más frecuencia en las personas con trastornos disociativos. En el apego desorganizado, el niño no encuentra ningún tipo de protección, calma o confort en el adulto, ya que el principal cuidador es la causa de angustia/miedo del pequeño. Si la persona que se supone que me tiene que cuidar y proteger es justamente la persona que me aterra, ¿a quién acudo? Esa es la cuestión: tengo miedo y no puedo pedir ayuda. Muchos niños con este tipo de apego se muestran agresivos o muestran un desinterés general y, con frecuencia, desarrollan problemas psicológicos.
A nivel fisiológico, manifiestan tasas más elevadas de cortisol (la famosa hormona del estrés), así como un sistema inmune debilitado y una tasa cardíaca crónicamente más elevada. Desgraciadamente, se ha observado que este desequilibrio fisiológico puede persistir durante bastante tiempo aunque el niño pase a un entorno seguro; eso sí, un entorno estable y una buena intervención pueden ayudar a ir regulándolo poco a poco.
Los niños con este tipo de apego suelen criarse en familias donde hay maltrato físico y/o psicológico, abusos… Pero a veces también se da sin que existan este tipo de situaciones, cuando hay unos padres traumatizados (por la muerte de un familiar, una violación o cualquier otra situación traumática de la que el papá o la mamá no se ha recuperado) a los que eso les impide establecer el vínculo correcto con el pequeño.
En cualquier caso, un niño/adulto con apego desorganizado tendrá más posibilidades de desarrollar un trastorno por estrés postraumático y más dificultades a la hora de recuperarse de dicho trauma que un niño/adulto que se ha criado con un apego seguro, de evitación o ansioso, sobre todo con un apego seguro.
Si te interesa el tema del trauma, te recomiendo encarecidamente este libro. En cualquier caso, retomaremos el tema en próximos artículos.
